Notas explicativas al texto -
por capítulo

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“…había estallado el carnaval, el gran carnaval de Epifanía …”


La República de Venecia existió como una entidad política independiente desde el siglo VII d. C. y, debido a su estabilidad política durante tan largo período, se le atribuyó el apodo de La Serenissima. El período histórico en el que se desarrolla la trama de la novela, a principios del siglo XVIII, Venecia ya no era considerada una potencia europea, pero aún era rica, orgullosa y famosa, y gente de todo el continente, y fuera de él, acudía a visitarla por lo que ofrecía en diversas áreas: las celebraciones del carnaval y sus delicias reales e imaginarias, la magnífica arquitectura, las bellas artes y, tal vez sobre todo, su música única. Los residentes de la ciudad y muchos visitantes vestían las máscaras de carnaval desde el 26 de diciembre, el día después de Navidad, hasta febrero, más precisamente hasta el día precedente al Miércoles de Ceniza, que marca un día de luto católico. Después de un descanso de cuarenta días hasta la Pascua, las festividades se reanudaban hasta el 30 de junio. Más tarde, con la llegada del otoño, las festividades volvían a comenzar el primer lunes del mes de octubre, continuando hasta el 15 de diciembre. Festividades no faltaban en Venecia.




“…el último bucentauro de la Serenísima República, sacado de su cobertizo ...”


El Bucentauro (en latín: Bucentaurus; en italiano: Bucintoro) era un magnífico bote de remos utilizado por el duque de Venecia en ocasiones festivas. Su estatus simbólico venía a fortalecer la profunda conexión de la República con la laguna que la rodeaba por todos lados. Los diversos pintores que perpetuaron los paisajes de Venecia y la laguna, pintaron también al Bucentauro. El más famoso de ellos es Giovanni Antonio Canal – Canaletto (1697-1768), con una pintura de 1733 titulada Regreso al puerto del Bucentauro (Il Bucintoro al Molo il giorno dell'Ascensione). No menos famoso en este contexto es Francesco Lazzaro Guardi (1712-1793), con varias pinturas del barco y, entre ellas, La partida del Bucentauro (Partenza del Bucintoro per san Nicolò di Lido il giorno dell'Ascensione) de 1770. El último barco de este tipo fue construido en 1729 y fue luego destruido por Napoleón Bonaparte en 1798. Todavía se pueden ver los restos en el Museo Histórico Naval de Venecia, así como en El Arsenal, que también fue descrito con gran detalle por Brosses en sus " cartas italianas".




“…en la “Botteghe di caffé” de Victoria Arduino”


Uno de los sitios de atracción más populares para los muchos viajeros que llegaban a Venecia eran los cafés, Botteghe di caffé, que comenzaron a aparecer en la ciudad a principios del siglo XVIII. En esta parte de la novela, encontramos un pequeño homenaje de Carpentier a una de las figuras más prominentes de la ciudad en el siglo XVIII, el ingenioso dramaturgo Carlo Goldoni (1701-1793). El trabajo de Goldoni es conocido también hoy en día, gracias a su famosa obra de teatro Arlequino, servidor de dos patrones, cuya trama tiene lugar en Venecia. Una de las más exitosas obras de Goldoni, fue La bottega del caffè, publicada en 1750. Carpentier agrega un artificio, pequeño y astuto, cuando menciona el nombre de la posadera en la novela, “Victoria Arduino”, mientras que en la obra de Goldoni uno de los personajes femeninos es "Vittoria". Victoria Arduino es también el nombre de la primera fábrica de máquinas de café expreso en Italia (fundada en 1905 en Turín). La compañía continúa vendiendo con éxito sus productos hasta el día de hoy.




“Allí estaba sentado ya, en una mesa del fondo, el Fraile Pelirrojo.”


El Fraile Pelirrojo (Il Prete Rosso) fue el apodo de Antonio Vivaldi (1678-1741) debido al color de su cabello. Vivaldi nació en Venecia y en 1703 fue ordenado para servir en la iglesia. Desde su infancia su salud fue frágil, evidenciándose especialmente en dificultades respiratorias. Su debilidad lo limitó a la hora de tocar instrumentos de viento y, a nivel eclesiástico, inmediatamente después de su ordenación fue liberado del deber de conducir la misa (Carpentier se refiere a esto más adelante en la novela). Esta limitación, y la distancia que ella le impuso de la rutina de la vida del clero, nunca le causaron particular molestia.




“Y seguía el otro hablando de hechicerías de teules…”


Teules es el nombre que se les da a los dioses en la cultura azteca.




“… cuando apareció el ocurrente sajón…”


El sajón es Georg Friedrich Haendel (1685-1759), nacido en la ciudad de Halle, en Sajonia. Durante los años 1706 a 1709 Haendel vivió en Italia, a donde viajó, como muchos otros en la época, para aprender el estilo de ópera que se desarrolló en la ciudad. En sus composiciones intentó alejarse de las características de la tradición alemana en la cual creció y se educó, tradición que se caracterizaba oir su contrapunto sofisticado y su compleja armonía, a expensas de una melodía más elegante y absorbente, como aquella del estilo veneciano.




“…seguido del joven napolitano, discípulo de Gasparini…”


El joven napolitano es Domenico Scarlatti (1685-1757), quien llegó a Venecia en 1707 para estudiar el estilo musical que se desarrolló en la ciudad durante estos años. Poco se sabe sobre su vida y su trabajo mientras estuvo en la ciudad. Aparentemente tuvo el privilegio de estudiar con Francesco Gasparini (1661-1727), quien precedió a Vivaldi en la dirección musical del Ospedale della Pietà.




“la cara obscura de Filomeno: — “Hola, Yugurta...”


Yugurta (Jugurtha; 160-106 a. C.) fue el rey berebere de Numidia, en el norte de África. Lideró una famosa guerra contra Roma, donde finalmente fue derrotado por los jefes militares Mario y Sila. Más allá de ser de piel oscura, no me queda claro si había otra razón para que Carpentier incorporara este nombre precisamente aquí.




“Ya sé que la “Agripina” tuvo, esta noche, más éxito que nunca.”


La ópera Agrippina, compuesta por Haendel en sus años venecianos, cosechó un éxito sorprendente y sin precedentes al ser llevada a escena por primera vez en diciembre de 1709, en el Teatro San Crisostomo (inaugurado en 1678 por la familia de comerciantes Grimani). Posteriormente, se presentó con éxito otras 26 veces consecutivas. Carpentier menciona esta obra varias veces en la novela y, a través de ella, trata de relatar las diferencias en la experiencia musical de la época en Venecia frente a lo que era común en otras partes de Europa. En una biografía escrita inmediatamente después de la muerte de Haendel, basada en gran medida en sus propias memorias (John Mainwaring, Memoirs of the Life of the Late George Frederic Haendel), se cuenta las reacciones entusiastas de la audiencia en la noche de estreno de Agrippina: “En casi cada pequeña pausa, el teatro resonó con vítores: "¡Viva el querido sajón!" ("¡Viva il caro Sassone!") Y muchas otras expresiones de simpatía muy exageradas para citarlas aquí.”




“… los espectadores repentinamente olvidados de cuanto ocurría en la escena.”


El ambiente excepcional que se vivía en las galerías del Teatro de la Ópera de Venecia llamó la atención de los viajeros en la ciudad, quienes lo documentaron en detalle. Carpentier se basó directamente en estos informes. Gracias a ellos, sabemos que las entradas y salidas de los cantantes al escenario eran acompañadas de susurros, aplausos, silbidos y regocijo. En medio de las arias más desafiantes, la multitud alentaba a gritos a los cantantes, como si fueran luchadores en un cuadrilátero. Este público tenía menos paciencia para escuchar los detalles del largo recitativo y, mientras sonaba, se ocupaban de diversas maneras: en conversaciones casuales, bebiendo o comiendo, o incluso divirtiéndose en los palcos privados. En algunos de los teatros, estos palcos podían cerrarse con persianas para permitirles a sus ocupantes la máxima discreción.




“… como los chamacos mexicanos en día de Fieles Difuntos”


El Día de Muertos es, como ya se mencionó, un día de gran importancia en las tradiciones populares de México. Se celebra durante los primeros dos días de noviembre, cerca del momento en que la Iglesia Católica celebra el Día de Todos los Santos y el Día de los Fieles Difuntos. Este es un claro ejemplo de las fusiones culturales únicas que se desarrollaron en el continente americano y que siempre fascinaron a Carpentier. En este día los niños mexicanos usualmente juegan con juguetes, disfraces, máscaras e instrumentos musicales con forma de calavera.





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